Las transmisiones se componen de los siguientes elementos:
Sirve para interrumpir la transmisión del movimiento del motor, de forma que pueda girar independientemente de las ruedas y permitir así engranar las diversas combinaciones del cambio de velocidades. Puede ser de disco (no necesita lubricación) o hidráulico.
Tiene por misión mantener el número de vueltas del motor en las condiciones próximas a su régimen óptimo, cualquiera que sea la velocidad del vehículo; es decir permite aprovechar la potencia máxima del motor mientras que el vehículo marche a diferentes velocidades. La caja de cambios se compone de un eje primario (o impulsor), un eje secundario (de salida) y un contraeje intermedio. Estos ejes tienen una serie de engranajes que engranan constantemente.
Las transmisiones automáticas se componen de un convertidor de par y de un tren de engranajes epicicloidales que se encargan de la transmisión de la potencia desde el cigüeñal hasta las ruedas, produciéndose éstas a través de varios embragues metálicos que realizan la maniobra de cambio.
Acoplamiento mecánico que permite girar a las ruedas a velocidades diferentes, dado que en las curvas o giros las ruedas tienen que recorrer distancias distintas.
Se compone de una corona que engrana con el piñón del eje del motor, dos piñones planetarios unidos al eje de las ruedas y dos o más satélites libres unidos a un eje solidario a la corona.
Los diferenciales de deslizamiento limitado reducen la acción del diferencial cuando el vehículo circula por una superficie deslizante, permitiendo una mejor tracción del vehículo cuando se mueve sobre nieve, hielo, barro, etc
Las necesidades de los lubricantes para diferenciales son las mismas que para cajas de cambio automáticas, aunque los esfuerzos que soportan son mayores.
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